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Mónica Oltra

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Candidata a la Presidencia

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Hola,

Me llamo Mónica Oltra Jarque y nací en 1969 en Neuss, Alemania, hija de padres emigrantes. A los 15 años, con mi família ya de vuelta en Valencia, comencé mi trayectoria política en la izquierda. Después de estudiar derecho, inicié el ejercicio de la advocacía que actualmente compagino con mi tarea de diputada.

Mi madre, Angelita, hija de emigrantes de Santa Cruz de Moya que salieron en la posguerra de la tierra natal huyendo de la miseria a la “próspera” Valencia, más en particular a Paterna donde a los 8 años se puso a trabajar igual que sus hermanos. Sí, el trabajo de los niños y niñas era normal en la España franquista. Mi padre, Juan, primogénito en una familia humilde, abandonó la escuela a los 11 años para contribuir a la supervivencia de su familia.

Los dos se conocieron en la empresa Saludes y tuvieron que emigrar al extranjero para encontrar una libertad que su país les negaba. En aquellos tiempos de dictadura política, civil e intelectual mis padres se marcharon a la República Federal de Alemania y allí nací yo. Quizá por haber nacido mujer y de clase baja, siempre he sabido apreciar y valorar la libertad, el esfuerzo por la emancipación de las personas, la lucha por la igualdad y la condición humana.

En Alemania nació también mi hermano, Juan, y allí hice mis estudios de primaria y parte de la secundaria. Entre Kartoffeln und Fleisch, tortillas de patata, Bratwurst, arroz caldoso, Joan Manuel Serrat, Peret, Paco Ibáñez, Els Pavesos, lecturas de Miguel Hernández y García Lorca y viajes de ida y vuelta de Neuss a Paterna y de Godelleta a Düsseldorf pasaron mis primeros años. Mis padres me enseñaron el amor a las personas y a la tierra que habitaban. También me inocularon la rebeldía y el compromiso. Crecí entre tres culturas y tres lenguas; dos presentes, el alemán y el castellano; y una a escondidas, que mi abuelo Emilio me cuchicheaba al oído cuando me sentaba encima suyo y le pedía que me enseñara a contar en valenciano. Por eso para mí el plurilingüismo es un valor adquirido desde pequeña. Y como muchas veces la vida se presenta en círculos, mi marido es argentino, sus tres hijos mayores son alemanes y nuestros dos hijos se están criando en una casa donde se habla valenciano, castellano, a veces alemán y en ocasiones hablamos como podemos. Pero nos entendemos. O por lo menos lo intentamos.

En los años 80 mis padres volvieron a casa. Estudié lo que me quedaba de bachillerato en el instituto Doctor Peset Aleixandre de Paterna. En el instituto conocí personas con las que inicié una actividad política que me ha llevado hasta aquí. Se trata de amigos de lucha, de alegrías, de tristezas, de esperanzas y de vida. De esta manera, mi compromiso pasó de ser privado a ser público. Empecé a participar en la política militante y organizada. Empecé a los 15 mi militancia política en el Partido Comunista y participé en la formación de Esquerra Unida, un nuevo proyecto que había nacido para superar los viejos esquemas de la izquierda. Me impliqué, y mucho, en la política en general y en la juvenil en particular. Durante los últimos años de instituto y después en la Universitat, la política y mi vida han ido unidas, porque siempre me han sublevado las injusticias y las desigualdades. Y eso solo se puede hacer a través de los cambios sociales impulsados desde la política. Quizá también por eso me licencié en derecho, porque la justicia es un elemento clave de transformación social.

Participé también de manera activa en el Consell de la Joventut de la Comunitat Valenciana, entidad que me dio la oportunidad de relacionarme activamente con otras sensibilidades y personas del movimiento juvenil organizado, con los que establecí relaciones que, en muchos casos, aún perduran. Y me enseñó que el diálogo, los acuerdos y la flexibilidad son fundamentales en política. Y aprendí el valor de la diversidad y las diferentes maneras de pensar, sentir y expresarse para una convivencia enriquecedora y fecunda.

Mientras tanto inicié mi carrera profesional, vinculada al mundo del derecho, en un despacho profesional con dos amigos, porque también pienso que la justicia y los derechos no los regala nadie, sino que son la consecuencia de conquistas y luchas. Desde esta perspectiva he procurado siempre unir la vocación profesional y la política prestando especial atención a la defensa de los derechos de igualdad de colectivos históricamente marginados o invisibilizados. Eso me ha llevado a defender jurídicamente ante las más altas instancias asuntos que el tiempo y la lucha han transformado en legales.

Soy partidaria de unir la pluralidad con la unidad de acción. La pluralidad es sinónimo de vida y la unidad de acción es sinónimo de acciones de cambio. Eso, en mi caso, se llama política de alianzas. Esta política de alianzas hizo que en el año 2007 fuera elegida diputada en las Corts Valencianes por la candidatura de Compromís, una coalición electoral diversa, plural y con voluntad de transformar radicalmente el estado de cosas en que vivimos. Durante aquella legislatura, del 2007 al 2011, denuncié de manera decidida una práctica política que el Partido Popular había instaurado contra los intereses generales de las personas. Durante dos años y medio fui la portavoz del grupo parlamentario de Compromís y, junto a mis compañeros y compañera, sacamos a la luz muchas tramas de corrupción, clientelismo, prevaricaciones, sobornos y acciones fraudulentas que el Consell estaba practicando de manera impune mientras la gente sufría en su dignidad, en su trabajo, en su vida cotidiana. El año 2011 fui reelegida diputada en las Cortes, de nuevo con Compromís. Muchas encuestas (en realidad todas) auguraban un panorama político valenciano donde Compromís no existía. Eso no pasó y Compromís pasó a ser la tercera fuerza política porque mucha gente valoró que un grupo pequeño había mirado a la cara al poder y a los representantes de la corrupción y les había hecho bajar la mirada, como le dije una vez al portavoz del Partido Popular que, por cierto, ha sido condenado a 8 años de prisión por corrupto. Han sido tiempos difíciles en que he debido hacer frente a insultos, expulsiones del hemiciclo e, incluso, una sanción injusta que ha comportado la pérdida de mi condición de diputada durante un mes a junio de 2014.

A pesar de eso no he dejado nunca de denunciar la farsa en que el gobierno valenciano nos ha instalado y hemos presentado alternativas económicas, sociales, industriales, ecológicas, culturales, de regeneración democrática, de defensa de los servicios públicos siempre con la convicción de que la política debe servir para mejorar la vida de la gente y asentar las bases de la felicidad de las personas. Hoy es tiempo de salir de la queja y pasar a la acción. Por ello, dejo aquí este resumen de parte de mi vida en pasado por empezar a escribir ahora en futuro. Porque mi trayectoria me ha llevado a conocer muchísimas personas de muchos lugares que me han enriquecido como persona, tengo una confianza absoluta en la gente de mi país. Y la convicción de que todos juntos, todas juntas, podemos construir un futuro de esperanza.

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